¿Cómo evitar problemas de sueño en la cuarentena?

Para garantizar la salud integral de nuestros hijos y su bienestar físico, hay cuatro hábitos básicos que deben prevalecer en su cotidianeidad durante toda su vida. Nos referimos a la alimentación, la actividad física, la higiene y por supuesto, el sueño.

Los hábitos son comportamientos que repito regularmente y que, en un inicio, cuando se están estableciendo, se tienen que reforzar y reiterar continuamente la secuencia de los hechos que tengo que establecer. Si se hace de manera correcta, llega un momento en que ya no se tiene que pensar o hacer el esfuerzo porque nuestro cuerpo se acostumbra y lo hacemos automáticamente. Ese es el momento en el que hemos adoptado hábitos saludables que nos aportan bienestar.

Con la declaratoria de emergencia sanitaria, millones de mexicanos nos hemos visto obligados a permanecer en nuestras casas. Esto ha supuesto un cambio en los hábitos diarios tanto de adultos como de niños, al tener que frenar nuestros ritmos de vida y cambiar nuestras rutinas.

Los cambios repentinos, la incertidumbre y la privación de libertad por el confinamiento son factores que pueden alterar nuestro equilibrio y tener efectos en nuestra salud mental y emocional. Como consecuencia, se pueden presentar cuadros de insomnio o problemas de sueño.

En el caso de los niños, la falta de sueño puede tener repercusiones en su desarrollo, ya que tiene un efecto no sólo en la parte física, sino también en la parte mental, de darle tiempo al cerebro de eliminar aquello que no interesa y dejar guardados en donde deben estar todos los nuevos aprendizajes que se tuvieron en el transcurso del día. Además, la recarga de energía en los músculos se hace durante el descanso y es durante el sueño profundo cuando se hace esta reparación física.

Hay una parte del sueño que se llama de “movimientos oculares rápidos”, donde se restaura la función cognitiva, todo el desgaste y todas las conexiones neuronales que se hacen, todo el aprendizaje, la memoria y la concentración se logra durante ese sueño. Durante el sueño, sobre todo en los niños, se produce la hormona del crecimiento. Mientras más chiquitos, más crecen, y por eso necesitan tanto sueño, porque necesitan una mayor cantidad de hormona del crecimiento.

Para recuperar la estabilidad emocional y mental y recuperar el ritmo de descanso, será esencial tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Establecer horarios, rutinas y hábitos comunes en familia para levantarnos, lavarnos, desayunar, trabajar, estudiar, comer, jugar, cenar e ir a dormir. Esta planificación diaria debe ser respetada en primer lugar por los padres, aunque tengan un call u otra actividad, deberán priorizar las rutinas que han establecido con sus hijos.
  • Exteriorizar las emociones a través de espacios de contención, en el que el niño pueda comunicar y hablar sobre cómo se siente, qué le produce ansiedad, incertidumbre o miedo. El papá y la mamá deben escuchar, mostrar comprensión y ser sinceros con ellos sin alarmarlos, cuando hablen de la situación.
  • Moderar el uso de dispositivos con pantalla. Aunque ahora los niños siguen las clases a través de la computadora, es recomendable que, en sus tiempos libres de juego, alimentación, sueño e higiene, no utilicen dispositivos con pantalla para que puedan descansar y activar otros aspectos esenciales para su desarrollo como son la creatividad, la imaginación y el ingenio.
  • Realizar actividades lúdicas y creativas. Cocinar, cantar, escuchar música, pintar, hacer yoga, entre otros, nos permitirán no sólo reforzar el vínculo familiar, divertirnos y mejorar la convivencia, sino que también podremos olvidar las preocupaciones para dar paso a la relajación y el entretenimiento, que pueden facilitar el conciliar el sueño.
  • Realizar actividad física. EL ejercicio tiene numerosos beneficios en los niños, mejora la coordinación y los reflejos. También permite incrementar la capacidad pulmonar, mejorar el funcionamiento cardiovascular, controlar la cantidad de colesterol bueno y malo y el peso corporal. Además de servir para el bienestar físico, también mejora su desarrollo intelectual y refuerza su autoestima, memoria, creatividad, capacidad afectiva y la confianza en uno mismo. Esto es especialmente relevante en caso de cuadros de ansiedad, depresión o tristeza que pueden interferir en el sueño.
  • Limitar la exposición de los niños a noticias o espacios informativos que puedan alarmarlos. Es preferible que los más pequeños sean informados por los padres con mensajes de tranquilidad y sin alarmarlos, con un lenguaje adecuado y escuchando a sus reacciones para atenuar cualquier posible preocupación o miedo que pueda surgir en el niño.

Para concluir, es relevante destacar que las necesidades de sueño cambian según la edad. Así, los recién nacidos, duermen la mitad del tiempo; los niños de uno a tres años, duermen más o menos diez horas repartidas entre la noche y dos siestas al día; los de 4 a 5 años y los adolescentes necesitan de 9 a 10 horas de sueño.

Patricia De la Fuente (paty)

Directora General y fundadora de SEDI. Paty es especialista en educación y desarrollo infantil con más de 40 años de experiencia. Pionera en la implementación de centros de desarrollo infantil en el país, convencida de brindar una educación oportuna e integral a los niños en la primera infancia.

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