El riesgo de dirigirte a tu hijo con etiquetas

El lenguaje y las palabras que utilizamos para dirigirnos a los niños deben ser muy cuidadas, ya que éstas tienen un gran poder en ellos. Además de tener un impacto en su autoestima, nuestra expresión verbal también los ayuda a forjar su personalidad, su memoria, su visión del mundo y el lugar que ocupan en su entorno.

Hay un aspecto del lenguaje que muchas mamás y papás utilizan sin ser conscientes de los efectos negativos que pueden ocasionar en los niños. Seguro que alguna vez has escuchado como una mamá le decía a su hijo expresiones como “no seas pesado” “eres un llorón” “tienes mamitis” “eres un chillón”, entre otras.

Las etiquetas son formas de llamar a nuestros hijos utilizando términos con una connotación negativa cuando estos adoptan una conducta determinada que consideramos inadecuada, repetitiva o molesta.

Este tipo de referencias no sólo no lograrán que el niño cambie de actitud, sino que, además, los hará sentirse menospreciados y debilitará su autoestima. De ahí la importancia de no etiquetarlos, ya que, sin darnos cuenta, con ello podríamos encasillarlos, limitarlos e, incluso, estigmatizarlos.

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Ayúdalos a desarrollar su máximo potencial

Tanto en el ámbito personal, como el profesional, la socialización y el óptimo manejo de las emociones forman una amalgama que ayuda a dar buen cauce a los retos del día a día, a gestionar relaciones y negociaciones que nos ayudan a cumplir objetivos comunes y hasta cumplir metas personales. Estas son habilidades que parecen propias de la vida adulta, pero son pilares que se forjan desde la infancia.

Uno de los principales puntos a considerar es generar en los niños autoconfianza, esto los hará personas seguras de sí mismas y capaces de desarrollar su máximo potencial para lograr sus propios objetivos o metas en común. ¿Cómo hacer que crean en sí mismos sin caer en el límite de ser egoístas?

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Inteligencia emocional en los niños ¿Por qué es importante?

Los niños con inteligencia emocional son más reconocidos y más aceptados en diferentes esferas de su vida. Desarrollar este aspecto les permitirá adquirir las competencias que los harán destacar más adelante, tanto en el ámbito personal, como en el ámbito laboral.

Diversos estudios sobre neurociencia demuestran que es a partir de los dos años de edad, cuando los niños están preparados para iniciarse en el desarrollo de estrategias y habilidades para aprender a manejar sus sentimientos y emociones, con el fin de regular su conducta y reaccionar de forma propositiva ante cualquier eventualidad.

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