El riesgo de dirigirte a tu hijo con etiquetas

El lenguaje y las palabras que utilizamos para dirigirnos a los niños deben ser muy cuidadas, ya que éstas tienen un gran poder en ellos. Además de tener un impacto en su autoestima, nuestra expresión verbal también los ayuda a forjar su personalidad, su memoria, su visión del mundo y el lugar que ocupan en su entorno.

Hay un aspecto del lenguaje que muchas mamás y papás utilizan sin ser conscientes de los efectos negativos que pueden ocasionar en los niños. Seguro que alguna vez has escuchado como una mamá le decía a su hijo expresiones como “no seas pesado” “eres un llorón” “tienes mamitis” “eres un chillón”, entre otras.

Las etiquetas son formas de llamar a nuestros hijos utilizando términos con una connotación negativa cuando estos adoptan una conducta determinada que consideramos inadecuada, repetitiva o molesta.

Este tipo de referencias no sólo no lograrán que el niño cambie de actitud, sino que, además, los hará sentirse menospreciados y debilitará su autoestima. De ahí la importancia de no etiquetarlos, ya que, sin darnos cuenta, con ello podríamos encasillarlos, limitarlos e, incluso, estigmatizarlos.

Aunque el objetivo principal de esta relación verbal de los padres con sus hijos es ayudarles a definir su personalidad y conducta de manera positiva ante una situación, ya sea esta buena o mala, el efecto obtenido es contrario al deseado.

Por eso, en lugar de recurrir a las etiquetas peyorativas, siempre será recomendable reforzar su confianza y motivación. Para ello, potencia sus cualidades positivas en lugar de las negativas, felicítalo cuando logre un éxito o adopte una conducta adecuada y nunca olvides que también debes predicar con el ejemplo.

Estas son las claves lingüísticas que puedes tomar en cuenta si deseas corregir la expresión hacia tu hijo:

  1. Usa adjetivos positivos para resaltar sus cualidades y virtudes en lugar de sus defectos. Si, por ejemplo, no ordenó sus juguetes o su cuarto, en lugar de decirle “eres un desastre”, puedes optar por decirle “Con tu disposición y motivación, estoy segura de que si guardas tus juguetes lo harás fenomenal”. De esta forma, el niño sabe lo que se espera de él y se siente con fuerza y autoestima para llevar a cabo la misión.
  2. No le recuerdes continuamente lo que hace mal. Dile lo que debe hacer. Por ejemplo, si repite nuestro hijo insiste en recibir algo, en lugar de decirle “eres un pesado”, siempre es mejor decirle “cuando quieras algo, dímelo una vez y te escucharé”.
  3. Felicítalo cuando logre un éxito. Esta es la mejor manera de brindar confianza y crear un clima idóneo de comunicación, en el que tu hijo se sienta cómodo para expresarse con facilidad y adoptar una conducta adecuada.
  4. Recurre a etiquetas positivas siempre. Calificativos como “eres muy valiente” “¡qué aplicado!” “¡Qué inteligente eres!”, entre otros, son formas de dirigirte a tu hijo que tendrán un efecto benéfico en su motivación, autoestima, seguridad, en el logro de sus objetivos y en su conducta.
  5. Cuida tu lenguaje y expresiones. No debes olvidar que el ejemplo que das a tu hijo con tu forma de expresarte, de hablar y dirigirte a los demás, será esencial en la conducta del pequeño. La forma de hablar y cómo nos referimos al niño es fundamental en la relación que tenemos con él.
  6. Enséñale a aprender de sus errores de manera positiva. Adoptar una conducta positiva ante un error que hemos cometido es una de las herramientas más destacables de la inteligencia emocional, que es esencial inculcar desde la infancia. Cuando tu hijo llore por una caída o una equivocación, en lugar de decirle “eres un llorón”, muéstrale que lo importante es encontrar una solución. Así, le puedes decir “no pasa nada si te sientes mal y lloras, pero dime qué te ocurre para buscar una solución”.

La positividad debe ser el leitmotiv de toda comunicación e interacción verbal entre padres e hijos. Sólo así se logrará que el niño crezca con una autoestima fuerte, un gran sentido de la motivación y seguridad en sí mismo. 

Patricia De la Fuente (paty)

Directora General y fundadora de SEDI. Paty es especialista en educación y desarrollo infantil con más de 40 años de experiencia. Pionera en la implementación de centros de desarrollo infantil en el país, convencida de brindar una educación oportuna e integral a los niños en la primera infancia.

Ver todos los posts de: Patricia De la Fuente